Feb 282018
 

Artículo publicado por Carolina Ureta Muñoz (doctora arquitecta Universidad de Sevilla), Luz Fernández-Valderrama (doctora arquitecta Universidad de Sevilla) y Amanda Martín-Mariscal (doctora arquitecta Universidad de Sevilla) en la revista CIC (Centro Informativo de la Construcción) nº 540 SEP-OCT 2017. (cicconstrucción.com).

Históricamente, la rehabilitación de espacios degradados en nuestras ciudades había tenido una progresiva evolución desde la erradicación de la infravivienda hasta la mejora de espacios públicos e intervención en el parque residencial. Los gobiernos se van dando cuenta de la necesidad de invertir en los espacios urbanos y mucho se ha debatido en los últimos años sobre la necesidad de ampliar el concepto de regeneración urbana, incluyendo no solo aspectos físicos sino también sociales y ambientales. Pero, ¿qué papel ha tenido la rehabilitación urbana a lo largo del tiempo y cuál debe jugar hoy día para hacer posible un desarrollo urbano más inteligente, sostenible y socialmente inclusivo, bajo la idoneidad del enfoque integrado para alcanzar los objetivos Europa 2020?

El momento sociopolítico en que nos encontramos en la actualidad representa una instantánea de los cambios producidos en España durante la última década tras el estallido de la burbuja inmobiliaria en el año 2008. Nadie ni nada fue ajeno a este huracán de cambios, tampoco las ciudades y los barrios. El modelo desarrollista que guió el crecimiento de las ciudades en las últimas décadas, basado en la construcción desmesurada de viviendas y en la decoración del territorio auspiciado por el crecimiento económico, se vio frenado en seco por estas causas globales que introdujeron inevitablemente la necesidad de replantear las actuaciones urbanas, sugiriendo que ya nada será como antes.

Si echamos la vista atrás, otros periodos históricos también se enfrentaron a crisis urbanas. En los países europeos, sobre todo a partir de la década de los cincuenta, la necesidad de reconstruir las ciudades y la falta de viviendas tras la Segunda Guerra Mundial obligó a los diferentes estados a crear nuevas políticas de planeamiento y vivienda social que mejoraran las condiciones de vida de la población.

Hoy en día, muchos de los problemas urbanos de estos espacios de marginalidad, que ahora se denominan vulnerables, vienen de la herencia recibida del modelo de polígonos de viviendas sociales que en muchas ocasiones quedaron al margen de la ciudad formal, pero también de la degradación de los centros históricos durante la mitad del siglo pasado. A lo largo de las décadas, los estados han intentado adaptar sus políticas públicas a la resolución de las diferentes dimensiones de lo urbano, con mayor o menor éxito. Si entendemos que la ciudad permanece interconectada entre sí, donde las decisiones e intervenciones en un punto de la misma afectan de manera directa o indirecta a las dinámicas del resto de la ciudad, centramos el foco de interés en una dimensión urbana más cercana y no tan territorial, lo que conocemos como barrio, considerado como el espacio de referencia del ciudadano donde realiza sus actividades cotidianas (pasear, trabajar, comprar, hacer deporte, actividades de ocio, etc.) y que de alguna manera nos afianza con una cierta identidad relacionada con la autoestima.

Rehabilitación de espacios urbanos necesitados

Históricamente, la rehabilitación de espacios degradados en nuestras ciudades había tenido una progresiva evolución desde la erradicación de la infravivienda hasta la mejora de espacios públicos e intervención en el parque residencial. Los programas de construcción masivos de vivienda solucionaron en gran medida los problemas habitacionales de una determinada época, dando acceso a una vivienda digna para un gran sector de población, produjeron sin embargo dos décadas más tarde, la aparición de espacios deteriorados debido a la construcción con materiales de baja calidad y a la falta de mantenimiento junto a un urbanismo desordenado y zonificado.

El período de recesión económica que comenzó con la crisis de la energía en 1973 y que llegó hasta principios de los ochenta dio lugar en los diferentes países europeos a un proceso de recesión en las políticas de viviendas sociales que habían llegado a suponer un coste excesivo para los estados. A partir de los noventa la atención de los estados europeos se centró en las necesidades de mantenimiento y reposición de los parques de viviendas construidos en los cincuenta y sesenta, deteriorados considerablemente. También, muchos de los centros históricos (espacios simbólicos de nuestras ciudades) presentaron procesos sucesivos de degradación, tanto de edificios como de calidad de vida y de seguridad, motivando el éxodo de la clase productiva y la llegada de población de bajos recursos e inmigrantes que, sumado al envejecimiento de la población histórica, motivó que se demandaran intervenciones integrales en los barrios de los centros históricos.

Cambio de paradigma hacia la rehabilitación

En un continente cada vez más urbanizado, donde en la actualidad cerca del 70% de la población de la Unión Europea reside en zonas urbanas, y se espera que aumente hasta el 80% en el año 2020, en dichas zonas urbanas se concentra la mayor parte del flujo económico, social y cultural, siendo los principales centros de suministros de servicios con unas cifras que comprenden el 62% del total de puestos de trabajo y que generan el 67% del PIB de la UE. Las ciudades y sus barrios están, pues, ocupando un puesto importante en las agendas públicas y privadas. La crisis iniciada en el año 2008 representó un cambio absoluto en el modelo económico, social y productivo del país, también ambiental, donde el sector de la construcción lo había copado casi todo. Se produjo un cambio importante de paradigma a la hora de enfrentar lo que se había conocido como política de vivienda, dando un relevante giro hacia la rehabilitación, aparentemente más sostenible.

Este cambio fue inducido de forma intensa por los recortes presupuestarios estatales sobre política de vivienda, que hasta ese momento se habían basado casi exclusivamente en el fomento de la vivienda protegida. Los gobiernos se van dando cuenta de la necesidad de invertir en los espacios urbanos y la tendencia entonces es hacia la ciudad compacta que se manifiesta en las áreas urbanas consolidadas: centros históricos, primeros ensanches, periferias, etc. Pero, ¿de qué manera se enfrentan actualmente las distintas administraciones con la realidad de austeridad económica y financiera? Las políticas en materia de vivienda y suelo han experimentado una evolución importante desde la promoción de vivienda protegida y adquisición de suelo a políticas de rehabilitación del parque edificado y regeneración del espacio urbano. Dentro de estas actuaciones de rehabilitación, los centros históricos fueron los que tuvieron un mayor protagonismo en las intervenciones promovidas por las administraciones públicas, para poco después incorporarse los barrios periféricos a estos procesos de mejora urbana.

Rehabilitación, renovación, regeneración

Los conceptos de rehabilitación, renovación, regeneración suscitan diferentes argumentos y significados que prácticamente se desarrollan a la par con las distintas tendencias a las mejoras urbanas. Desde un principio, las intervenciones de rehabilitación han estado más enfocadas a la mejora del parque edificado. De una manera más global, la Comisión Europea definió en el año 2010 la “rehabilitación de áreas urbanas” como “la mejora de tejidos residenciales en el medio urbano a través del conjunto de actuaciones necesarias para la rehabilitación de sus edificios y viviendas; la participación ciudadana; obras de urbanización, reorganización y accesibilidad universal y establecimiento de redes de agua caliente sanitaria centralizadas alimentadas con energías renovables, acciones acompañadas de la renovación integral de barrios que precisen actuaciones de: demolición y sustitución de los edificios, urbanización o reorganización del área, la creación de dotaciones y equipamientos y la mejora de la accesibilidad de sus espacios públicos”.(1)

Las intervenciones de renovación urbana suelen ser compartidas por diferentes administraciones a nivel de financiación y gestión, aunque principalmente la acción es llevada a cabo por entes locales. Estas diferentes fases del trabajo conjunto dificulta en muchas ocasiones la agilidad de estos procesos ya de por sí complejos.

Rehabilitación integral de barrios

Mucho se ha debatido en los últimos años sobre la necesidad de ampliar el concepto de regeneración urbana, incluyendo no solo aspectos físicos sino también sociales y ambientales, que repercutan de una manera integral en la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. Por otro lado, la metodología integral permite abordar la multidimensionalidad de las problemáticas urbanas y la necesidad de superar las limitaciones de las políticas sectoriales.

En la última década, la Unión Europea ha apostado por la política urbana para conseguir objetivos de cohesión social y económica en sus estados miembros a través de distintos programas específicos centrados en las ciudades y orientados a las regiones menos desarrolladas. En el marco de la Reunión Informal de Ministros de Vivienda y Desarrollo Urbano que tuvo lugar en junio de 2010, más conocida como la Declaración de Toledo, el tema principal que se debatió fue la regeneración urbana integrada bajo la coyuntura de la crisis económica y social. En esta declaración, los ministros apostaron por un desarrollo urbano más inteligente, sostenible y socialmente inclusivo, bajo la idoneidad del enfoque integrado para alcanzar los objetivos Europa 2020. Para este fin, también reconocieron el papel que las ciudades podían jugar en la consecución de dichos objetivos: empleo, investigación y desarrollo, clima/energía, educación, integración social y reducción de la pobreza.

La Declaración de Toledo definió la Regeneración Urbana Integrada “como un proceso planificado que ha de trascender los ámbitos y enfoques parciales hasta ahora habituales para abordar la ciudad como totalidad funcional y sus partes como componentes del organismo urbano, con el objetivo de desarrollar plenamente y de equilibrar la complejidad y diversidad de las estructuras sociales, productivas y urbanas, impulsando al mismo tiempo una mayor ecoeficiencia ambiental”(2).

Anteriormente, en la Carta de Leipzig sobre Ciudades Europeas Sostenibles del año 2007, se remarcó la necesidad de prestar especial atención a los barrios menos favorecidos dentro del contexto global de la ciudad. En este sentido, quizás una de las propuestas más interesantes de la regeneración urbana integral es que en muchos casos actúa en lugares concretos reconocidos por los ciudadanos, sus barrios, ámbitos especialmente delimitados donde el mayor incremento de la calidad de vida personal y colectiva pasa por la mejora de lo cotidiano.

Un caso de éxito: proyectos europeos Urban

Si hablamos de la necesidad de modelos integrales en la regeneración urbana es necesario hacer hincapié en los distintos proyectos promovidos por la Unión Europea, desde que se pusieran en marcha sus primeros proyectos pilotos en 1990 a través de los Fondos Estructurales y de Cohesión. Esta iniciativa fue pionera en promover la integralidad para alcanzar objetivos de cohesión social y económica en los municipios con barrios vulnerables, principalmente fruto de la desindustrialización de áreas urbanas en la década de los ochenta que necesitaban de una fuerte intervención física en sus espacios degradados. Además, comenzaron a incluir otra clase de políticas como la integración de personas desempleadas, la formación y, muy incipientemente, la participación ciudadana.

La Unión Europea no posee competencias políticas urbanas. Sin embargo, a través de estos primeros programas y a su creciente financiación, se llevó a cabo todo un giro en las intervenciones estatales y locales en materia de mejoras de barrios en países como España, donde hasta entonces las intervenciones urbanas estaban más segmentadas. Hasta ahora han sido cuatro los programas que se han enfocado a la regeneración urbana integral: Urban I (1994-1999), Urban II (2000-2006), Iniciativa Urbana (2007-2013) y el reciente Dusi (2014-2020). La gestión de los mismos pasó a partir del año 2007 a manos de los países miembros.

En la actualidad se encuentra en vigor la iniciativa Desarrollo Urbano Sostenible Integrado (Dusi), que representa en España una inversión de más de 730 millones de euros, donde Andalucía obtiene algo más del 30%. La dilatada experiencia de los programas Urban han marcado un antes y un después en las políticas de regeneración integral. Por un lado, han resultado indispensables para poner en marcha programas de mejoras urbanas, con el enfoque integrado de intervenciones físicas, sin olvidar las sociales, la atención a los espacios más vulnerables, la escala local y la participación ciudadana. Sin embargo, aparecen algunas dificultades dentro de los proyectos integrales, como la obtención de resultados a largo plazo, las modificaciones de presupuestos, la gobernabilidad y coordinación entre diferentes actores (públicos, privados, colectivos, sociales, etc.) y la gestión entre diferentes escalas públicas (estatales, autonómicas en el caso de España, municipales).

Aún así, en un mundo globalizado e hiperconectado, la tendencia en la regeneración de barrios no puede ser otra que la integralidad y multidisciplinaridad de sus actuaciones en beneficio de la población.

 

(1). Encuesta de opinión sobre la calidad de vida en las ciudades europeas, 2010. Organización Gallup, Hungría: Dirección General Política Regional. Unión Europea.

(2). Reunión informal de Ministros de Desarrollo Urbano. Declaración de Toledo, 22 de Junio de 2004. Presidencia española.

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